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La talabartería, un oficio milenario que se niega a desaparecer

Este oficio también se conoce como gendarmería, y se relaciona con el almacén donde labora y vende ‘el talabartero’.
La talabartería, el oficio de trabajar el cuero
Tradiciones
Foto: referencia Freepik
Wilson De Jesús Cartagena

A finales de los 80s, Darío Alberto Dávila estudiaba su bachillerato en el municipio de Ituango, Antioquia, y paralelo a ello aprendía de sus hermanos mayores el arte de la talabartería, un negocio familiar que ha acompañado a la familia desde hace varias décadas. “La talabartería la aprendí desde muy niño, por estar ayudándole a unos hermanos que trabajaban en esta labor, entonces al no tener empleo, me tocó meterme en ese cuento también”, cuenta. 

Este oficio también se conoce como gendarmería, y se relaciona con el almacén donde labora y vende ‘el talabartero’; algo parecido al lugar que tiene don Darío en Ituango, donde hace más de 30 años es reconocido por trabajar y diseñar artículos derivados del cuero, un negocio que, según él, inició con una máquina de coser prestada y 40 mil pesos. “Con la talabartería he logrado generar empleo y sacar a mi familia adelante”, menciona.  

La historia registra desde la época prehistórica la talabartería, cuando las prendas de vestir y otros utensilios y herramientas derivaban directamente del cuero. Según don Darío, en la actualidad se sigue trabajando, sobre todo, en poblados con producción agrícola. “El trabajo del talabartero o la talabartería es prácticamente un servicio que se le presta a la sociedad; en muchos casos interpretamos la voluntad del cliente, para diseñar artículos personalizados”.

La palabra “talabartería” en sí misma deriva del término “talabarte” que es una especie de cinturón de cuero que se colgaba la espada. Aunque esta quedó en el pasado, persiste la cubierta para el machete; un artículo que no le puede faltar a los campesinos agricultores y que don Darío diseña con esmero y dedicación “mi trabajo se valora por ser exclusivo, mis diseños busco que sean únicos y originales y sobre todo de calidad”, precisó don Darío. 

También tiene relación directa con el transporte mular, pues el 99 % del vestido de los caballos y mulas dependen del talabartero. Don Darío de manera muy segura, y si hacer alarde de su profesión, nos describió la vestidura del caballo: “Tiro copa, pechera, guardabarros, estribos, la cincha, las apretadoras, la alfombra, una carpa, el pellón, el sudadero, las espuelas, las alforjas y los aperos de cabeza”. 

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Con la construcción de nuevas carreteras el transporte mular ha sido reemplazado por las motocicletas; situación que ha incidido directamente en las talabarterías, sobre todo en reducción en la venta de artículos para caballería. “En este momento se ha mermado bastante la producción y el consumo de esta mercancía porque las motos están reemplazando el transporte mular, entonces se ha recortado mucho el consumo, sin embargo, en esta zona se sigue trabajando bien”.

Ituango en los años ochenta contaba con diez talabarterías de las cuales hoy solo existen dos, entre estas la de don Darío; una tradición que ha pasado entre generaciones y que seguirá vigente, gracias a ese legado dejado por los antepasados; el mismo que don Darío aplica también en su familia, pues su hijo mayor, Mario Dávila, lo aprendió para seguir sus pasos y salvar este oficio milenario que se niega a desaparecer.  

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