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¿Quién mató a Rafael Uribe Uribe? Hipótesis detrás del primer magnicidio del siglo XX

“Usted es el que nos tiene fregados” le dijo uno de los asesinos que con una hachuela de carpintería le atravesó el cráneo. En esos tiempos, profundos odios alimentaban la vida política y social de país.
Rafael Uribe Uribe, político colombiano
Historia Colombiana
Foto: estampilla Banco de la República.
Ana María Lara

Pasado el mediodía del 15 de octubre de 1914, se dirigía Rafael Uribe Uribe desde su casa -ubicada en la Calle 9ª.- al Congreso y, en inmediaciones del Capitolio, fue gravemente herido por dos hombres, Leovigildo Galarza Barragán y Jesús Carvajal Muñoz. Ambos fueron detenidos rápidamente; entretanto el líder liberal luchó por sobrevivir, pero sobre las 2 de la madrugada del 16 de octubre falleció, a pesar los esfuerzos de reconocidos médicos como José Tomás Henao. La explicación de este crimen, como muchos otros en Colombia, quedó en puntos suspensivos.

De Leovigildo Galarza Barragán y Jesús Carvajal Muñoz se sabe que eran artesanos dedicados principalmente al oficio de la carpintería. Uno de ellos, Galarza, había estado apoyando con sus labores manuales al Ejército luego de la Guerra de los Mil Días. Con el tiempo se independizó e invitó a su amigo Carvajal para montar un negocio propio. Tuvieron una época de estabilidad y buenos contratos hasta que los malos manejos dieron al traste con la pequeña empresa, y los encargos que les hacía el Gobierno iban siendo cada vez por menor cuantía y menos frecuentes.

Hay estudiosos del asesinato que dan por sentado que los carpinteros tenían una filiación liberal, esta aseveración se desprende, entre otras cosas, de las declaraciones que uno de ellos dio en los interrogatorios de la Policía tras la detención. Sin embargo, otros estudiosos del caso explican que la pertenencia de Galarza al Ejército, en ese entonces leal al gobierno conservador, confirmaría su adhesión al partido hegemónico.


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En cualquiera de los dos casos, el asesinato sería el medio para resolver posibles venganzas políticas. Para ese momento Uribe Uribe hacía parte de los liberales “bloquistas” que se habían aliado luego de la Guerra de los Mil Días con el gobierno del general Rafael Reyes, con miras a lograr pactos de convivencia política. Otro sector de los liberales, los llamados “republicanos” habían quedado por fuera de ese pacto. Carvajal, quien dijo ser liberal, indicó en su declaración que la mayoría de los puestos y contratos “eran para los amigos de bloquistas de Uribe Uribe” y que a él le negaban sistemáticamente cualquier trabajo.

Pero la explicación sobre el asesinato va más allá. Otro enigma por resolver es el de la identidad de posibles autores intelectuales. Al igual que el caso del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, las hipótesis se multiplicaron. Roa Sierra y Galarza y Carvajal pudieron actuar por cuenta propia, ¿por qué no? Valga recordar el brillante artículo del maestro Lisandro Duque ‘Todo lo del pobre es robado’, allí señala que los historiadores, al buscar culpables provenientes de las esferas del poder, le quitan a Roa Sierra la posibilidad de haber decidido por sí mismo la ejecución del crimen. A Galarza y Carvajal las autoridades los interrogaron y dictaron sentencia rápidamente: los asesinos actuaron en solitario y por cuenta propia. Sin embargo, aunque el asesinato ocurrió al medio día, una hora en que las calles eran poco concurridas, hubo testigos que notaron movimientos extraños y algunas coincidencias para tomar en cuenta. Las conexiones que unen esas coincidencias están bien relatadas en la novela ‘En esta borrasca formidable’, de Philip Potdevin (2017). Altas esferas del poder político y religioso pudieron estar involucradas. Pero, ¿por qué?

Rafael Uribe Uribe era un antioqueño cafetero. Desde muy joven militó en el Partido Liberal y combatió con entrega en tres guerras, una de ellas la de los Mil Días, en donde obtuvo uno de sus grandes triunfos con la victoria en la Batalla de Peralonso. Uribe Uribe había sido uno de los liberales que con mayor decisión impulsó aquella terrible guerra que le representó, al final, una triste derrota a su partido y su gente. En medios de tantas muertes, los conservadores salieron reencauchados, incluso a pesar de una de las más dramáticas consecuencias: la pérdida de Panamá.

Tras la guerra, Colombia tenía una economía frágil y en desventaja frente al resto de países latinoamericanos; la industria era incipiente e incapaz de responder a un mercado interno y menos aún a la presión para participar de manera competitiva de la economía exportadora. Adicionalmente, la Constitución de 1886, emblema de la Regeneración conservadora de Núñez le había cerrado el paso al Estado laico y había restringido el ejercicio de la ciudadanía. El derecho a la libre expresión, a la libertad de prensa y a la libre asociación quedaron en entredicho con disposiciones como la Ley de Caballos (Ley 61 de 1888) y la Ley de Prensa (Ley 151 de 1888), ambas fundamentadas en la censura y el control a cualquier forma de disidencia.


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Rafael Uribe Uribe representaba justamente el lado opuesto de esos ideales. Desde su periódico ‘El Autonomista’ y desde el Congreso (en donde fue el único representante liberal en medio de decenas de conservadores; esto debido a los graves fraudes electorales) hizo planteamientos que cuestionaron los valores retardatarios sobre los que se quiso edificar la nación.

‘De cómo el liberalismo político colombiano no es pecado’ es un libro que Uribe Uribe publicó en 1912; por sus cuestionamientos al vínculo estrecho entre Iglesia y conservadores, fue proscrito y prohibido por Bernardo Herrera, arzobispo de Bogotá. Años atrás, en 1904, Rafael Uribe Uribe pronunció en el Teatro Municipal de Bogotá un potente discurso que tituló ‘Socialismo de Estado’. Planteó una extensa reflexión sobre la manera de conducir el poder político, basada en la razón, el humanismo, la solidaridad y el trabajo. En el cierre de aquel discurso decía Uribe Uribe: “Y repito: en Colombia todo está por hacer. Como el siglo de vida Independiente que pronto cumpliremos, lo hemos pasado divertidos en el 'sport' de la guerra, estamos singularmente retrasados en todas las sendas del progreso. Tenemos toda una nación por reconstruir. Nuestros padres y nosotros mismos creímos 'hacer Patria' empleando los fusiles destructores. Necesitamos 'hacer Patria ' con las herramientas fecundas del trabajo”.

Probablemente el asesinato de Uribe Uribe pudo venir del miedo, ya de los artesanos, ya de las élites. Miedo a un cambio social. El “usted es el que nos tiene fregados” que pronunció Galarza al clavarle el hacha en la frente era el sentimiento del par de artesanos, pero también del de quienes en cada intervención pública o escrita de Rafael Uribe Uribe, se sentían aludidos por concentrar el poder y diseñar reglas insuficientes para el logro de un equilibrio social. Para las élites que pudieron estar implicadas cayó como anillo al dedo que Leovigildo Galarza y Jesús Carvajal, dijeran que en la chichería Puente Nacional acordaron matar al líder liberal porque era el culpable de la falta de trabajo para su carpintería. Aquella posible decisión contribuyó de manera eficaz al castigo de las ideas del líder liberal.

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