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Sergio Trujillo Magnenat, el artista como diseñador

El aporte de Trujillo Magnenat a las artes gráficas es más que significativo y alcanzó a impactar a los considerados como los padres del diseño gráfico en Colombia.
Santiago Díaz Benavides

Sergio Trujillo Magnenat fue uno de los artistas y diseñadores más prolíficos de Colombia durante los años anteriores a la década de 1960. Se desempeñó como pintor, dibujante, ilustrador, fotógrafo, escultor, cartelista, diseñador gráfico, hasta trabajó en muebles e interiores. De padre colombiano y madre suiza, muy pronto se vio inmerso en el mundo de las artes. A los 15 años comenzó a tomar sus clases de dibujo y más tarde ilustraría su primer libro. En 1932 empezó a ilustrar para el periódico El Tiempo y poco a poco fue perfeccionando su técnica. A la vez que dibujaba e ilustraba, practicaba la pintura y tanto su entorno como su tiempo, influyeron profundamente en su visión del arte.


Este contenido hace parte del especial 'Nuestros trazos': historia del diseño gráfico en Colombia, conócelo aquí.


Hace parte de una generación de artistas que fue precursora del arte moderno en Colombia. Un gran representante del Art Déco, se distinguió por alejarse de las normas clásicas y por su capacidad para arriesgarse en el ejercicio de la pintura y la ilustración. A la vez que su trabajo se abría paso, el espíritu innovador de la escuela Bauhaus llegaba a Latinoamérica con su lema “arte y técnica, una nueva unidad”.

Ilustró los principales diarios y revistas del país en esa época y trabajó en cubiertas de libros y libros enteros, desde cuentos, poesía y textos clásicos hasta cartillas infantiles y textos de historia. Trabajó portadas para la revista América y el suplemento literario de El Tiempo, y durante algunos años ilustró varias ediciones de la Revista de las Indias, dirigida por Germán Arciniegas, sumado a su trabajo con la revista Rin Rin.

Imagen digitalizada por la Biblioteca Nacional de Colombia

Arciniegas decía de él que era un artista polifacético que se apartaba de la tradición impuesta por los españoles y se inclinaba hacia lo hecho por los franceses en materia de ilustración, que pretendía recrear con línea firme y escueta “el ímpetu de los hombres y mujeres que luchan y sueñan”. La nitidez de sus dibujos y la precisión de sus trazos correspondía a una postura artística que iba en contra de la época. Su buen gusto lo llevó a elegir las mejores expresiones posibles para su arte. Además, el trabajo que hacía para diarios y revistas lo llevaron a ser uno de los pioneros del diseño gráfico en Colombia

Trujillo Magnenat también hizo carteles, muchas veces políticos, respondiendo a sus inclinaciones ideológicas, e incursionó en el muralismo, por pedido expreso del Ministerio de Educación de la época, amparado por un gobierno conservador en extremo, lo que hizo que, en muchas ocasiones, su trabajo se tornara un tanto más “godo”, procurando no agitar a las mentes puritanas del momento.

En realidad, hizo de todo un poco. Exploró un tiempo en los terrenos de la tipografía, la litografía, la mueblería; diseñó lámparas, baldosines, juguetes y en materia de carteles tocó los campos de la política, la cultura y el deporte. En varias de sus obras se pueden observar referencias a los movimientos artísticos del momento, como el tenebrismo, el puntillismo, el postimpresionismo, el simbolismo, el cubismo y el surrealismo. Recreó, por medio de la pintura, un sinfín de conceptos de la cultura latinoamericana, incluidos mitos y leyendas, y exploró ampliamente la figura humana, dado que, ante todo, era un esteta.


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El aporte de Trujillo Magnenat a las artes gráficas es más que significativo y alcanzó a impactar a los considerados como los padres del diseño gráfico en Colombia. Su trabajo y su vida han merecido el estudio de muchos, pero aun así el mundo académico aún parece serle esquivo.

No es el caso de Juan Pablo Fajardo, uno de los fundadores de La Silueta, artista de profesión, quien ha dedicado gran parte de su vida a investigar y descifrar cada uno de los aportes de Sergio Trujillo Magnenat, su vida y su obra, la importancia que tiene en la historia del diseño gráfico en Colombia.

Juan Pablo Fajardo, investigador

¿Qué caracteriza el inicio de la etapa creativa de Sergio Trujillo Magnenat, en lo referente al diseño gráfico?

— La mayoría de las personas que se dedican al diseño gráfico en alguna etapa de su vida no son diseñadores de profesión. Las primeras carreras de diseño gráfico en Colombia empezaron a verse desde 1963 o 1964. Antes era imposible que alguien pudiera formarse en ello. Sergio Trujillo Magnenat era artista de formación, pero con el tiempo fue explorando más campos del arte.

Él es el único diseñador antes de los pioneros que suena con fuerza, especialmente por una serie de carteles que hizo en el año 38 de unos juegos deportivos que se hicieron en Bogotá. Esos carteles son un ícono del diseño gráfico en Colombia y es de lo poco que los diseñadores gráficos estudian en sus carreras de diseño como parte del referente colombiano. Trujillo Magnenat fue el diseñador gráfico más prolífico de su tiempo, y quizá aún hoy lo siga siendo.

Él empezó a hacer diseño gráfico muy al final de los años 20 y estuvo activo, produciendo cosas referentes al diseño gráfico, hasta los 70. Alcanzó a cruzarse con Dicken Castro, David Consuegra, Martha Granados, Antonio Grass y toda esta generación que fue bastante activa a partir de los 60 en Colombia, que, además, fueron reconocidos como los primeros profesionales del diseño gráfico en el país. Pero Sergio tenía casi 40 años de tradición antes de ellos.


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¿Cómo inicia su formación artística?

— Sergio estudia en la Escuela de Bellas Artes, creo que es entre 1924 y 1929. Empieza muy joven, con alrededor de 17 o 18 años, y se ve enfrentado a una formación muy académica, centrada en el paisaje, influida por la ‘Escuela de la Sabana’, por el dibujo anatómico, valores muy conservadores, en términos estéticos. Sus profesores son los grandes pintores de esa época y ahí es cuando conoce a Carolina Cárdenas, una mujer mayor que él, alrededor de unos 8 o 10 años, que fue muy influyente tanto para Sergio como para los artistas de la época.

Ella se había formado en Inglaterra, vivió varios años allá, y a su regreso a Colombia era una mujer muy moderna, bastante atípica para lo que se veía aquí. Fue una potencia creativa en muchos sentidos que produjo algo más grande de lo que hoy se puede dimensionar. Ellos dos se hacen amigos, entonces. Sergio, probablemente, se enamoró de ella. Hay dibujos que dan cuenta de la intensa atracción que sentía por ella. Mientras que todos se dedicaban en la escuela a dibujar el cuerpo de una mujer que hacía de modelo, él dibujaba a Carolina Cárdenas dibujando.


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Juntos inician una experimentación estética muy de vanguardia para esa época y juegan con la fotografía, la cerámica, el dibujo comercial; experimentan con montajes un poco teatrales, con iluminaciones y otros detalles, alrededor de eso hacen un registro fotográfico; hacen caricatura y un montón de cosas más. Hay entre ellos un laboratorio creativo que se va construyendo a raíz de la relación que tienen, de cariño, de admiración mutua, y puede que de amor casi que platónico.

Mientras esto sucede, el país está cambiando y Sergio empieza a trabajar para los liberales. La suya no es una militancia en extremo política sino más estética. Todo eso junto produce un momento de experimentación estética que es muy potente y es lo que va a nutrir alrededor de diez años de creación de vanguardia, para nuestro contexto. Esto es relativamente posterior a fenómenos como la Bauhaus, en Alemania, o el Constructivismo soviético. Él está influido por eso y lo suma al acento local de todo lo que sucede en el país.

Imagen: Carolina Cárdenas, 1934. Carolina Cárdenas y Sergio Trujillo Magnenat / Centro de la Imagen, México

¿Cómo se puede dimensionar el alcance del trabajo de Sergio Trujillo Magnenat como diseñador gráfico en relación con lo que hacía como artista?

— El trabajo de Sergio hay que entenderlo en el contexto de la política del país en ese momento y de las ideas liberales. Él es un representante de eso. No fue un artista activista, aunque hizo carteles políticos. Hace parte de una transformación que está viviendo el país en busca de la modernización en distintos campos. El establecimiento cambia. Los gobiernos liberales se acaban en el 46 y ahí comienza una hegemonía conservadora, otro tiempo. Sergio se tiene que acomodar a esas nuevas situaciones políticas y eso se nota incluso en su manera de diseñar.

Esa idea del artista que se tenía entonces no se contemplaba en relación con el diseño gráfico, que era considerada una categoría menor, algo que había que esconder, pero él le dio la espalda a eso. Por un lado, tenía una vida como artista, participaba en salones, de hecho, alcanzó a ganar varios premios en salones nacionales de artistas. Eso durante mucho tiempo fue lo que alimentó su imagen. Por otro lado, el trabajo que había detrás era el del diseño gráfico que, de hecho, produjo una influencia más grande. Con su trabajo enseñó a leer a millones de niños. Eso es de una escala muy grande y no se compara con tener unos cuadros exhibidos en una galería o unas esculturas en un museo, por más bellas e importantes que sean. La dimensión es muchísimo mayor.

'Alfabeto imaginario', Ilustraciones de Sergio Trujillo Magnenat / La Silueta Ediciones

¿Por qué parece que hay un punto en su carrera en el que se queda estancado, en relación a la diversidad que presentaba su trabajo en años previos?

— Con el paso de los años él se va haciendo más conservador en su forma de trabajar, y también en la manera en que vive. Se casa, tiene hijos, forma un hogar. Hay una transformación muy grande, deja de ser esa potencia innovadora alrededor de los años 50 y 60, y empieza a ser visto como el tradicional. Llega una figura como Marta Traba y lo tilda a él y a los artistas de su generación como conservadores y retrógrados, después de haber sido él la vanguardia pura en los años 30. Además de esto, se encuentran en pugna dos modelos de país y Sergio se vuelve en una representación de eso, de esa visión liberal de Colombia.

Él está en medio de eso, de alguna forma es un "florero de Llorente" alrededor de ideas políticas complejas y una idea de que la Iglesia debe tener un papel importante dentro del Estado y la educación. Sus representaciones estéticas de los cuerpos, por ejemplo, entran en discusión con lo que se establece en la época. Sergio, de hecho, tiene una disputa con la Iglesia del momento, debido a sus murales en las escuelas rurales de ciertos municipios del país. Varios curas enviaron cartas a los gobernantes y a los padres de familia, alertando sobre el espíritu tentador de esas imágenes.

En algunas se invita a la gente a quemar estos murales, que en realidad era más afiches en los que se veían diferentes acciones en las que los niños retratados participaban, como la clase de educación física, por ejemplo. Se les ve con su ropa de ejercicio, mostrando el poco de piel habitual. Lo que alarmó a esta sociedad fue el hecho de que mostrarán juntos a niños y niñas con la piel expuesta, casi desnudos, según ellos.

Su obra gráfica y artística fue bastante importante con el paso de los años. ¿Fuera de Colombia se le reconoce de alguna manera?

— No podría uno decir que Sergio tuvo alguna influencia afuera de Colombia, así haya un reconocimiento reciente de su trabajo como diseñador. Es algo que apenas está empezando a suceder y seguramente será cada vez más visible. Sin duda tiene un espacio dentro de la historia gráfica de América Latina, pero de alguna manera nosotros, como país, siempre hemos copiado y adaptado. Es difícil encontrar cosas que sean profundamente innovadoras y que no se parezcan a nada. No porque seamos menos creativos sino porque los fenómenos políticos están relacionados. Mientras haya países más conservadores es más difícil que haya cosas como muy de vanguardia. Esas cosas están conectadas. Aunque, claro, ha habido regímenes muy estrictos o conservadores que permiten la producción de ideas muy innovadoras. No es algo necesariamente incompatible.

 

Imagen: banrepcultural.org

Aquí, si uno se pone a revisar en lo referente a carátulas de libros en esos años, por ejemplo, el estilo de Sergio es más que evidente. Solo en esa categoría, su influencia es muy marcada. Es clarísimo el impacto que tuvo. Y también fue un innovador en el diseño de letras. No fue tipógrafo como tal, pero sí estuvo muy presente en ese campo. Se enfrenta a la estética de la letra desde el dibujo y lo concibe como un objeto visual y no como parte de un sistema organizado de reproductibilidad.

Las letras que él dibuja son para sus proyectos y de algún modo fue un pionero de eso en el país. De manera muy intuitiva hizo letras muy modernas. Hay una línea estética muy marcada. Son letras robustas, trazadas de manera muy geométrica, con un cuerpo grande, muy parecido a experimentos estéticos que se hicieron en los años 20 en Europa. Eso le dio al país elementos muy fuertes para contar su historia, así hubiesen sido adaptaciones de algo que ya estaba funcionando afuera, y esa es una de las características muy específicas de Trujillo Magnenat, que nos permite leer esa gráfica hoy e interpretarla de otra forma.

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