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Colonia Agrícola de Acacías, Meta: el centro penitenciario que permite construir nuevas oportunidades

Los productos que construyen los privados de la libertad son ofertados en un punto físico, ubicado a la entrada del centro penitenciario en Acacías.
Colonia Agrícola de Acacías
Paz
Foto: Paula Cuy
Paula Palomino

Tejer, pulir, hornear y sembrar es la labor diaria que hacen miles de privados de la libertad en el centro penitenciario y Colonia Agrícola de Acacías, Meta. Son 400 hectáreas dispuestas para construir nuevas oportunidades.

La artesanía es una tradición milenaria que consiste en desarrollar técnicas de aprendizaje cultural, donde una expresión que sale del alma se transforma en arte único e irrepetible. Además de esto, son oficios que han creado las comunidades para comunicarse por medio de simbolismos y para dejar como herencia un legado de aprendizaje, folclore e identidad de un pueblo.

Es así como se pude definir el trabajo que desarrolla la población privada de la libertad en Colombia que ha visto una posibilidad de resistir e insistir en que se puede hilar una nueva historia, dónde los testigos de cada pena se convierten en talleres de ebanistería, talabartería, telares, una cocina de lácteos, el arreo de un ordeño o el labrar la tierra.

Así, inician los días los huéspedes de la penitenciaría y la Colonia Agrícola de Acacías, Meta, un lugar único en Latinoamérica que alberga al día de hoy 2.847 personas privadas de la libertad, entre las que se encuentran 122 mujeres de toda la región de la Orinoquía.

Y ¿por qué referirse como único a este centro carcelario?, este lugar cuenta con una extensión de 4.300 hectáreas, 400 de ellas divididas en siete campamentos donde los reclusos tienen la oportunidad de trabajar en 15 proyectos productivos, entre los que se encuentran, ganadería, piscicultura, lácteos, ebanistería, tejidos, panadería, siembre de cacao, cítricos entre otros. 

Karen Agudelo, directora de la Penitenciaría y subdirectora de la Colonia Agrícola de mínima seguridad del municipio de Acacías Meta, narra como desde el Inpec se acompañan estos proyectos “para nosotros es fundamental el proceso de resocialización, porque realmente queremos que se acabe la reincidencia en el país, debemos tener unas metas claras en este sentido, para ello mis compañeros del cuerpo de custodia son fundamentales, porque ningún proceso es exitoso sin la ayuda de ellos”, aseguró Agudelo. 

La directora también resalta la labor que desarrollan las instituciones educativas “el acompañamiento de entidades como el SENA y la UNAD son fundamentales, porque son ellos quien les brindan a las personas privadas de la libertad una certificación y una guía desde lo académico, y el significado de esto es que cuando salgan de nuevo a la libertad tengan una posibilidad real de trabajo”.

Proceso de aprendizaje

Colonia Agrícola de Acacías, Meta

Moisés Castro Vásquez, un hombre que lleva 15 años privado de la libertad y ocho años como artesano, es el encargado de describir la labor que desarrollan los reclusos dentro del centro penitenciario: 

“Uno vive muchas cosas cuando estamos acá. Hubo un momento en que nadie me quería dar la mano y lo primero que hice fue aprender a motilar, luego ya veía como otros compañeros tenían más artes, como tejer, bordar. Desde ahí tomé la decisión de crear desde cero, chinchorros, hamacas, ponchos, quería aprender nuevos oficios”.

También cuenta como es el día a día de él y sus compañeros, “al lado mío hay trabajando en la fábrica 15 muchachos, digo en la fábrica porque hay productos que se deben hacer con herramientas más profesionales; sin embargo, en los patios también trabajamos. Lo que si hay que resaltar es que cada producto se inicia de cero, es decir un poncho o un chinchorro se teje hilo por hilo”.


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Moisés sigue narrando como inicia cada proyecto “siempre que voy a montar un trabajo le pido a Dios que me guie, es lo primero que hago” y con risas dice que inicia su telar diciendo lo “vamos a vender, a alguien le gustará. Hasta ahora lo que hago se ha vendido gracias a Dios”.

Agrega, “a mí me enseñó este arte otros internos que llevan más tiempo acá, y que saben de esto, todo es poner de parte de uno. Siempre le doy primero gracias a Dios, que él es el único que nos da sabiduría para aprender, nosotros trabajamos con la imaginación, no hay guías de nada, lo que hacemos es imaginarnos las combinaciones de colores, en mi caso imagino a las personas por las calles luciendo lo que nosotros hacemos”.

Incentivos económicos 

Colonia Agrícola de Acacías, Meta

Los productos que construyen los privados de la libertad son ofertados en un punto físico, ubicado en el municipio de Acacías departamento del Meta, exactamente a la entrada del centro penitenciario y Colonia Agrícola de este municipio. Desde muy temprano se abren las puertas para que propios y turistas puedan adquirir cada uno de los productos que se construyen al interior de este centro. 

Y Moisés, cuenta como la venta de estos productos se ha convertido en una oportunidad de ingreso para su familia, “la dinámica monetaria que manejamos acá es la siguiente, cuando tenemos trabajo por parte de la fábrica, ellos nos dan una bonificación, esta llega a un lugar que se llama el TB, este mecanismo es interno, es importante aclarar que se da de esta forma porque toda la materia prima la ofrece el centro penitenciario, a nosotros nos pagan la mano de obra, sin embargo, también nuestras familias pueden hacer la conexión directa con el cliente, ellos ofrecen nuestros productos y las ganancias totales ya son todas para nosotros”.

Proceso de resocialización 

Moisés lleva 15 años privado de la libertad y abiertamente reflexiona sobre el proceso que ha vivido desde que pisó el suelo de una cárcel “ya que tengo la oportunidad quiero decirles, que la cárcel es muy difícil, esta es la primera vez que tengo la oportunidad de hablar con un medio de comunicación y por eso quiero decirles a todos los que están afuera, la cárcel no es fácil, reitero es durísima. Nosotros perdemos todo, la familia, los amigos, infortunadamente no debería ser así, pero en esta situación perdemos todo”.

“Se que hay muchas personas que nos discriminan, sin embargo, hay segundas oportunidades. Podemos retomar un arte, podemos empezar de nuevo, hay que salir adelante, con la cabeza en alto por encima de las dificultades, para mí no ha sido fácil hemos perdido todo, pero no la vida”, agregó. 

Y es así como los telares, la marroquinería, la ebanistería, los lácteos, entre otros, les han permitido a estas personas privadas de la libertad, tener un poco de vida en las calles, y sin duda demostrar que existen segundas oportunidades y que las cenizas de un pasado del que no se sienten orgullosos, pueden convertirse en arcilla para construir las más finas esculturas.

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