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Abolición de la esclavitud en Colombia: una historia de resistencias y convulsiones

La lucha contra la esclavitud no ha parado en tanto ha adquiridos nuevas formas y métodos. Así lo denuncian distintos sectores sociales.
Historia Colombiana
Foto: Agostino Brunias, Public domain, via Wikimedia Commons
Ana María Lara

En toda América, durante el periodo colonial y aún varias décadas después de las proclamaciones de Independencia, la esclavitud hizo parte de la estructura social y económica.

En Colombia, desde la Conquista y luego en la Colonia, los indígenas se volvieron esclavos de los españoles y también de los criollos. En las encomiendas -territorios concedidos por la corona española a los conquistadores-, a cambio de la evangelización, pero sin derecho a aprender a leer y escribir, los indígenas asumían pesados trabajos de agricultura sin recibir compensación alguna, así mismo ocurría con el trabajo minero en las zonas del Pacífico.

En 1512 la corona española se propuso llevar a cabo un control de la esclavitud por la vía jurídica, a través de las Leyes de Burgos y más tarde, en 1542, con las Leyes Nuevas o “Leyes y ordenanzas nuevamente hechas por su Majestad para la gobernación de las Indias y buen tratamiento y conservación de los Indios”. Lo allí establecido pretendía dar un mejor trato a los indígenas e incluso prohibir su esclavización, pero muy poco se aplicó; la mita y la encomienda seguían vigentes.

Con la disminución de la población indígena por enfermedades y sobreexplotación, se recurrió a la traída de africanos, especialmente de África Occidental, que llegaron a América haciendo viajes de más de dos meses en horribles condiciones, entre el siglo XVI y el siglo XVIII. Eran comprados como cualquier mercancía. Los grandes dueños de este negocio fueron fundamentalmente los portugueses.

La situación de los esclavos fue diversa, algunos tenían una vida soportable cuando eran sirvientes en casa, mientras que buena parte de ellos, en la minería y en los cultivos, sufrían jornadas extenuantes y crueles castigos físicos.

A finales del siglo XVIII, en vísperas de las luchas por las independencias y en nombre de la igualdad de todos los seres humanos, se propagan en América las ideas de la Ilustración que critican fuertemente la existencia de la esclavitud. Al mismo tiempo, los cambios en la economía hacen que esta ya no sea tan rentable y ahí se empiezan a dar algunos pasos y surgen movimientos por su abolición.


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El episodio en el que los comuneros liderados por José Antonio Galán liberaron a esclavos de Mariquita es uno de los hitos visibles de esta lucha. Ya desde un siglo antes habían estallado varias rebeliones de esclavos afro; algunos de ellos, los cimarrones, huyeron para ir a formar palenques, comunidades negras autónomas. El más recordado es Benkos Biohó, originario de Guinea portuguesa, hoy Guinea Bissau, que comandó a comienzos del siglo XVII un levantamiento de esclavos terminando en la creación del palenque de San Basilio, cercano a Cartagena y que la corona española en 1713 declaró por decreto “pueblo libre de América”. Hubo también otros palenques en la zona costera de Colombia.

Una vez ocurrió la Independencia, se dieron pasos para la abolición, promulgándose algunas leyes. En 1814 la provincia libre de Antioquia emite la “Ley sobre la manumisión de los esclavos africanos, y sobre los medios de redimir sucesivamente a sus padres”. Esta, que se conoció como la Ley de Libertad de Vientres, definió que los hijos de esclavas nacidos a partir del 20 de abril de ese año serían declarados libres una vez cumplieran 16 años y demostraran tener un oficio que les permitiera sostenerse económicamente e indemnizar a su amo por los gastos en los que debió incurrir mientras llegaba la edad estipulada.

Más tarde, en 1821 durante el Congreso de Cúcuta se expidió la Ley 21 “sobre libertad de los partos, manumisión y abolición del tráfico de esclavos”, que se sintetiza en libertad para los hijos de esclavas; el nombre ambicioso de la ley contrastaba con algunos de los requisitos que se establecieron, por ejemplo: se les daría libertad a los hijos de las esclavas cuando cumplieran 18 años, siempre y cuando estos le pagaran al amo todo lo que le costó sostenerlo hasta cuando habían cumplido esa edad. Otros artículos fueron dejando en entredicho la esperada libertad, como la prohibición de tener esclavos que no fueran para servicios domésticos.

Como era de esperarse hubo resistencia de muchos hacendados al abolicionismo. Entre ellos se destacan los hermanos Sergio y Julio Arboleda, en Popayán, de quienes se afirma que tras ver amenazada su riqueza agrícola y minera con la paulatina liberación de esclavos que trajeron las distintas leyes, vendieron en 1847 una cantidad significativa de adultos y niños negros que fueron trasladados al Perú antes de que llegara la abolición definitiva con la ley del 21 de 1851, en el gobierno liberal de José Hilario López.


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El médico e historiador Fernando Serpa Flórez en su texto “José Hilario López, libertador de esclavos”, cita a don Gregorio Hernández de Alba: "Hay una escritura fechada el 23 de abril del año mencionado (1847) en Buenaventura, por la cual Julio Arboleda vendió a Pablo del Solar para ser conducidos al Perú, noventa y nueve esclavos, con los que iban ciento trece muchachos, hijos de algunos de aquellos, que eran libres. El negocio se hacía secretamente, pero la vida tiene coincidencias extrañas: en ese mismo tiempo regresó de servir a la república en el Istmo el general José Hilario López, cuyo nombre iba a cobrar la gloria de la libertar de esclavos; en una posada del puerto visita Arboleda a su paisano y amigo quien le preguntó qué hacía allí con tantos negros y le respondió que iba a conducir una maquinaria muy pesada para montar un ingenio de azúcar en su hacienda de La Bolsa ... López, enterado de la verdad, trató de poner trabas legales, a fin de que solo se exportasen los negros viciosos, de acuerdo con el congreso de 1843, y al seguir para Cali encontró en el camino partidas de negros de todo sexo y edad, que eran conducidos al puerto por guardias nacionales de Caloto”.

La abolición decretada en 1851 provocó significativas convulsiones políticas. La amplia capa de excluidos reaccionó ya incorporándose a las bases sociales liberales, ya provocando tomas de tierras. Otras medidas fueron promovidas, la abolición de la pena de muerte y la libertad de expresión.

Sobre el número de esclavos que llegaron a nuestro territorio hay cálculos diferentes. Según el Archivo General de la Nación (2020), “a pesar de que nunca se ha podido establecer con exactitud el número de esclavos negros introducidos a la Nueva Granada durante más de tres siglos, es seguro que no fue inferior a 250.000 individuos. El padre Claver afirmó que por su pila bautismal habrían pasado más de 300.000 esclavos negros”.

A finales de la Colonia, la población esclava representaba casi el 10% de la población total. Las regiones de mayor población esclava fueron Cartagena, el Cauca, la costa pacífica y Antioquia. Los nombres atribuidos a los esclavos eran nombres cristianos: Francisco, Santiago, Pedro. Los apellidos podían ser el del amo: Valencia, Mosquera, o de la etnia de la que procedía el esclavo: Lucumí, Biafra, Zape, Carabalí.

La liberación de los esclavos en nuestro país ocurrió doce años antes de la liberación que promulgó Abraham Lincoln en Estados Unidos, en 1863. La lucha contra la esclavitud no ha parado en tanto ha adquiridos nuevas formas y métodos. Así lo denuncian distintos sectores sociales. “La esclavitud no está abolida, está a la orden del día. Se explota a trabajadores en talleres clandestinos y si son inmigrantes se les priva de la posibilidad de salir de ahí”: papa Francisco.

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