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El defensor de la tierra: el cacique Zenú que encaró a las mineras en Córdoba

Por: Vanessa Vallejo Israel Aguilar ha sido tildado de guerrillero, de paramilitar, de ventajoso, de indio atravesado. Lo han intentado asesinar en varias ocasiones y está amenazado desde hace más de 20 años, justamente por llevar el estigma de aquel que simplemente se cansa de ver la vida diaria convertida en una tortura y decide enfrentar a un gobierno - o a una empresa -, que se hacen los de la vista gorda.

Por: Vanessa Vallejo

Israel Aguilar ha sido tildado de guerrillero, de paramilitar, de ventajoso, de indio atravesado.

Lo han intentado asesinar en varias ocasiones y está amenazado desde hace más de 20 años, justamente por llevar el estigma de aquel que simplemente se cansa de ver la vida diaria convertida en una tortura y decide enfrentar a un gobierno - o a una empresa -, que se hacen los de la vista gorda.

Ha enfrentado a la guerrilla y a los paras con la entereza de quien no renuncia a lo que se ha planeado para las generaciones que vienen. Su sueño, por el que trabaja sin salario fijo, sin primas y sin vacaciones. Un indígena que se llenó de eso que se llama resistencia: ha puesto en su sitio a más de una multinacional, ese que le pone los puntos sobre las íes a quien pretende dejar el futuro escrito... sólo en un papel.

En el año 1963, Israel tenía solo un año. El sur del departamento de Córdoba se convirtió en uno de los territorios donde prosperaron las empresas mineras más grandes del país, principalmente de níquel y de carbón.

Pese a los prósperos resultados contables de estas empresas, los indígenas Zenú y las comunidades en general, que se encuentran en los patios de estos gigantes mineros, cuentan otra historia. Los que ahí habitan, viven en circunstancias precarias: azotados por la pobreza, la falta de infraestructura y servicios públicos, del acceso a oportunidades y a trabajo digno.

Apaleados por la desidia de un Estado que los ha dejado en el olvido, a pesar del preocupante aumento en enfermedades en la piel, los pulmones, las conjuntivas oculares, los abortos espontáneos y las malformaciones en neonatos, que se han ensañado con las poblaciones que rodean las mineras.

Foto: Vanessa Vallejo.

Humo negro que sale de chimeneas y rompe el paisaje verde de los arrozales, de los pastos para la ganadería. Noches en que la mina a lo lejos es un destello rojo.

Los mineros alemanes le decían al níquel el ‘cobre del diablo’ y el panorama lo confirma con esta montañas armadas por el hombre. Con las torres humeantes. Con el sonido eterno de una planta eléctrica que rompe el silencio de estas planicies milenarias, donde los Zenú emergieron como una etnia de vocación agrícola y minería artesanal.

Fueron por siglos los grandes ingenieros hidráulicos, que controlaron la subienda y la baja de los ríos abundantes en esta tierra. Una tierra de agua.

Hoy esos ríos que por siglos controlaron, se llenaron de tuberías que desembocan en ellos y los vuelven tóxicos: Acaban con los peces, las iguanas y las babillas. Ríos cada vez más contaminados, cuyas aguas enferman y ya no sirven para que germine lo que otrora era el sustento y la conciencia espiritual de quienes habitaban en el territorio.

Foto: Vanessa Vallejo.

Y mientras la salud de los pobladores y del ambiente se deteriora, crece la lista de promesas sin cumplir de las multinacionales, una batalla que Israel está dispuesto a dar y que en la mitad del miedo y de las dificultades, se vuelve la historia de resistencia más bonita de estos tiempos: lo que trasciende y lo lleva a uno de la mano a la VIDA.

El cobre del diablo y otras paradojas de una mina, como que un minero decida alzarse contra ellas. El cacique minero que se volvió la ‘piedra en el zapato’ de las transnacionales. El Zenú que hoy tiene demandada a Cerro Matoso, una de las empresas mineras más grandes y antiguas del país.

Israel, el padre de doce hijos, que espera, puedan tener otro destino y ver un amanecer diferente, donde la realidad no sea tan dura como la que salió al aire, en cada uno de los 10 poblados que visitamos, durante los siete días que seguimos sus pasos.

El cacique viajero. El guerrero zenú: Israel Manuel Aguilar Solano.

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