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El balón de cuero: un arte hecho a mano por mujeres campesinas en Monguí, Boyacá

Monguí, Boyacá, es la cuna del balón en Colombia. Allí, mujeres campesinas cosen el cuero para darle forma a las pelotas, una tradición en el municipio desde 1934.
Cosedoras de balones en Monguí, Boyacá
Deportes
Fotos: Diego Cuervo/Museo del Balón en Monguí, Boyacá
Diego Cuervo Escobar

A 222 kilómetros de Bogotá yace un municipio que, como la mayoría de los que conforman el departamento de Boyacá, es abrazado por hermosas montañas y donde el trabajo del campo es esencial en el diario vivir. Pero en Monguí, desde los años 30, la elaboración de balones a mano se convirtió en la principal actividad, no solo económica, sino cultural y turística, y donde las mujeres tienen el papel protagonista.

Era el año 1934 cuando Froilán Ladino -el precursor de la industria del balón en Colombia- luego de prestar servicio militar en la frontera entre Colombia y Perú, realizó un viaje a la ciudad de Manaos (Brasil). Allí, en una cárcel, vio cómo se cocía el cuero vacuno y, con una plantilla del balón del primer mundial de fútbol en Uruguay (1930), se dio a la tarea de conseguir todos los elementos necesarios para traer ese arte al país, específicamente a su tierra natal: Monguí.

Luego de conseguir las vejigas para inflar el balón, curtir el cuero en la vereda Reginaldo, elaborar herramientas como tablas, maniguetas y moldes, les transmitió su conocimiento a quienes llamó ‘los 12 apóstoles’, personas que se encargarían de impulsar la cultura y la industria del balón a mano y transmitirlo a sus descendientes.

“En ese tiempo el cuero se curtía muy artesanalmente con alumbre, cal y sal, y muchos de los hijos de ‘los 12 apóstoles’ siguieron la tradición; hablamos de la familia Celis, los Acevedo, los Moyano, entre otros. Mi tío siempre nos decía que esta artesanía tenía que perdurar por mucho tiempo”, cuenta Edgar Ladino -sobrino de Froilán- uno de los pocos que aún trabaja con balón cocido en Monguí y quien además fundó el Museo del Balón en el municipio.

Fue así como en el año 1938 se registró el primer balón en Colombia, marca ‘Libertad’, ante el Ministerio de Economía; tiempo después, en los 70, la elaboración de balones fue galardonada como la mejor pequeña industria de Boyacá, industria que no ha sido ajena a la modernización e industrialización del siglo XXI, pero que sigue siendo reconocida a nivel nacional e internacional.


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Foto: Diego Cuervo/Museo del Balón en Momguí, Boyacá

Las artesanas de balones

Muchos aseguran que los balones de Monguí son los mejores de Colombia, reconocimiento que se debe gracias al trabajo de mujeres campesinas que puntada tras puntada le daban forma a las pelotas que sería utilizada en múltiples escenarios.

“Los hombres realizaban trabajos de agricultura o minería. Fueron las mujeres quienes se dedicaron a la elaboración del balón porque lo podían hacer desde la casa y al mismo tiempo realizar labores del hogar”, señala Edgar.

Actividad que se realizaba en los pasillos de las casas, con ruana encima, tinto en mano y el radio con la música ‘rabelera’ de fondo. La más reconocida de todas, doña Matilde Holguín, una ilustre monguiseña que dedicó su vida a coser balones. Ya al final de sus días (80 años aproximadamente), seguía enhebrando la aguja y dándole puntadas al cuero. Su labor fue fuente de inspiración para las más jóvenes, y homenajeada en 1997 con el Monumento a la Cosedora, que reposa actualmente en la plaza principal del municipio.

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Monumento a la Cosedora en Monguí, Boyacá

Una de esas mujeres que siguió los pasos de Matilde fue Luz Erminda Sierra, una campesina trabajadora que desde muy pequeña aprendió a coser los balones gracias a su mamá. En sus manos ya hay 20 años de experiencia que, al igual que muchas mujeres en Monguí, ha alternado con sus deberes de madre y los quehaceres del campo.

“Mi mamá y mi papá trabajaron muchos años con los balones. A mí me gustó porque este oficio no es para todo el mundo (…) nosotros somos de bajos recursos, pero gracias a este trabajo he podido sacar adelante a mis cuatro hijos”, señala Luz Erminda.

Elaborar un balón a mano puede tardar hasta tres horas. Se utiliza una especie de tabla para sostener las piezas que se van cociendo, unas maniguetas para no lastimarse las manos, el hilo, la aguja y una concentración absoluta para no ‘chuzarse’.


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Foto: Diego Cuervo/Luz Erminda Sierra, cosedora de balones en cuero 

En el día estas mujeres pueden hacer entre tres y cuatro balones, y, aunque utilizan las maniguetas para cubrir los dedos, es casi inevitable que tengan ampollas en las manos. Entre sábado y domingo llevan a sus casas ‘la tarea’, como le llaman a la producción que sacarán durante la semana. Así es como se ganan la vida, así es como mantienen viva una tradición.

“Antes era más difícil hacerlos porque había que picar el cuero, es decir, abrirle los huecos con una lezna para empezar a cocer. Ahora viene picado y eso facilita la labor”, cuenta Luz Erminda, que durante el día también descansa una hora “después de hacer un balón porque la vista se agota mucho”.

Vecina de Luz Herminda, nos encontramos a Floralba Dueñas, otra cosedora artesanal, monguiseña de voz pausada, pero con una enorme habilidad para elaborar balones de todo tipo, que viene desarrollando desde los 14 años.

“Empecé a coser con una tía y me gustó porque en ese entonces se veía la plata, uno no estaba a la intemperie y tampoco tenía un patrón encima vigilándome. Eso sí, nunca descuidé mis estudios”.

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Foto: Diego Cuervo/Floralba Dueñas, cosedora de balones en cuero 

“En ese entonces” que menciona Floralba se traduce en 20 o 25 años atrás, cuando la elaboración de los balones era mejor remunerada; ahora, con la llegada del balón vulcanizado (que no es cocido, sino que se pegan cada una de las piezas), la artesanía de hacer balones a mano se ha visto bastante opacada, por lo que muchas mujeres han tenido que recurrir a esa industria.

“Desde hace dos o tres años los empezaron a pagar un poquito mejor, pero lastimosamente los pioneros, de los que empezaron a trabajar el balón en cuero, ya quedan muy pocos. Muchos de ellos pasaron al balón vulcanizado y nosotras también tuvimos que hacerlo”, lamenta doña Floralba.

Según Edgar Ladino, mientras una mujer puede coser diariamente tres balones y ganarse en promedio 36 mil pesos, en la industria del balón vulcanizado pueden sacar una producción de 60 pelotas y llevarse a casa 50 o 60 mil pesos. El sustento de sus familias prima por encima del amor al arte, pero aún así ellas no dejan de hacerlo, lo alternan, pero a su vez reclaman que su labor sea mejor reconocida y que los balones cocidos de Monguí sean utilizados en eventos internacionales, o por lo menos en campeonatos del ámbito nacional.

Tanto Luz Erminda como Floralba dicen estar dispuestas a enseñarles a las nuevas generaciones el arte de coser los balones, porque “es una tradición muy hermosa y no podemos dejarla perder. Los balones vulcanizados son bonitos, pero los de cuero son únicos”, afirman ellas. Eso sí, argumentan, “que la mano de obra sea mejor remunerada y que las empresas y las escuelas de fútbol pidan el balón antiguo”.


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Foto: Diego Cuervo/ Balón artesanal de cuero hecho por mujeres en Monguí, Boyacá

El Museo del balón

Enfrente del parque principal de Monguí propios y visitantes tienen la oportunidad de visitar el Museo del Balón, fundado por Edgar Ladino y que, entre otras cosas, sirve como vitrina para mostrar el arte que desarrollan mujeres como Luz Erminda y Floralba. Además, allí reposan auténticas reliquias de la historia de la industria del balón en Colombia.

La primera troqueladora, el primer balón y el primer taller registrado; moldes, plantillas, un horno, fotografías y un sinnúmero de elementos que explican por qué Monguí es la cuna del balón en el país.

“Esto es una berraquera hermano”, dice emocionado Edgar al ver cada uno de los objetos que hay en el Museo, “pero uno se siente huérfano al no recibir apoyo de ninguna entidad”.

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Foto: Diego Cuervo/Museo del Balón en Monguí, Boyacá

Edgar es economista y contador público, pero su amor por los balones lo llevó a esta aventura, y hasta lo ha hecho pelear con su esposa, “porque me dice que me emplee en otra cosa que me de más plata, pero mi amor está es aquí”, dice él.

Los amantes del fútbol también podrán tomarse fotos con las réplicas de los balones de todos los mundiales de fútbol, desde Uruguay 1930 hasta Catar 2022, que está próximo a jugarse. En las paredes también están los afiches oficiales de todas las copas del Mundo, las ‘mascotas’, y afiches de jugadores emblemáticos del mundo como Maradona, Pelé y el Pibe Valderrama. Un recorrido único que se puede disfrutar por tan solo $2.000 pesos.

 

 

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