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Campesina, emprendedora y resiliente: la historia de una mujer cacaotera en el Meta

A través de la transformación del cacao, María Nury Hernández se convirtió en emprendedora y referente en su región.
Mujeres campesinas: emprendimiento con el cacao en el Meta
Campo Colombiano
Foto de referencia: Radio Nacional de Colombia
Consuelo Garzón

Este contenido hace parte del especial 'Mujeres campesinas: esperanza en los territorios' de El Campo en la Radio, elaborado en el año 2021.

En la vereda El Encanto de Guamal (Meta), desde hace 14 años una mujer decidió sembrar plantas de cacao, y con ellas la esperanza de un mejor futuro para su familia, pues de allí surgió un emprendimiento que impulsado por su constante capacitación, le permitió generar un sustento a partir de la transformación de este grano.

María Nury Hernández Medina tiene 64 años, y llegó a Guamal desde San Antonio de Getuchá (Caquetá), su historia como la de muchas mujeres rurales comenzó con un desplazamiento por cuenta de la violencia.

“A los 6 años de casada quedé viuda, en ese tiempo el M19 mató a mi marido. Seguí, sola con mis dos hijas, hui de la violencia, seguí adelante, logré que ellas estudiaran y que fueran profesionales”, comentó.

Varios años después, en su finca en Guamal inició un proyecto de producción y transformación de cacao, así como de otros alimentos a base de amasijos tradicionales de la región, que hoy en día son su sustento. Ella asegura que estudió para disfrutar lo que siembra y lo que prepara, para sacarle el mejor provecho y que no cambia por nada la vida del campo.

“Seguí sola, logré estudiar, logré ser técnica en cosecha y cultivo de cacao, prepararme en procesos de cacao, manipulación de alimentos, hice cursos por el Sena de Chocolatería y Cocina internacional”, contó orgullosa de sus logros.

Alrededor de su casa, además de los cultivos, está todo dispuesto para la fermentación, secado y transformación del grano, un trabajo que Nury realiza de manera independiente para producir chocolate, chucula, bombones y dulcería, productos que le han permitido sostener su hogar y su finca.

“El cacao exige una administración diaria, produce a los dos años la primera cosecha y sigue produciendo cada 15 días. Tiene dos cosechas grandes en el año, el resto son pasecitos de cada quince o veinte días y produce 7, 8 o 10 años y luego se renueva. Es un cultivo diría yo, que de por vida”, explicó Nury.

Y mientras intercala los tiempos en el procesamiento de los derivados del cacao, prepara sus amasijos que asegura son de los mejores de la región, gracias al amor que pone en su trabajo.

“Yo, hago unos panderitos, muy espectaculares, yo creo que solamente yo los hago, porque se consiguen muchos, pero no iguales, también la torta de maíz, la gacho, las almojábanas, pan de arroz, pan de queso y ponqués”, dijo.

Un modelo a seguir

En medio de su rutina, especialmente los fines de semana, Nury recibe la visita de Nery Hernández, su sobrina que es casi como su hija adoptiva.

“Debido a la muerte de mi mamá, ella fue como mi segunda madre, siempre estuvo conmigo y ahora siento la responsabilidad de estar pendiente de ella”, afirmó Nery, quien aseguró que su tía ha sido un gran ejemplo de fortaleza y resiliencia. 

“Me siento orgullosa de decir que es mi tía, es una verraca, sencilla, noble, es única. Lo que más me gusta de mi tía es esa verraquera, ese empeño que parece que no sintiera los golpes de la vida”, afirmó Nery.

Sobre esto, Nury es consciente de que en su memoria hay recuerdos dolorosos, pero asegura que hoy en día se siente feliz y agradecida por lo que ha podido lograr.

“No pensé llegar tan lejos, no pensé que fuera capaz de tantas cosas, de lograr tanto, siento que he llegado satisfecha, con una vida llena de logros, logré mucho, mucho, de verdad he logrado mucho”.

Todo su progreso y su aprendizaje le ha traído grandes frutos, ahora pertenece a la federación de cacaoteros de la región, ha participado en ferias y eventos donde ha ganado premios por la calidad de sus productos y aspira proyectar su negocio para las nuevas generaciones.

“Estoy pensando en seguir trabajando para dejar un legado, crear una asociación juvenil, para dejar mi legado en la juventud, que saquen las cosas adelante y yo poder dejar una herencia, mi recuerdo, que no muera”, concluyó Nury con ilusión.

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